¿Puede cabalgar de nuevo la Dragonada?
- Guillermo Moreno
- 28 sept 2019
- 4 Min. de lectura

Estoy cocinando algunos proyectos literarios, alguno en solitario y otros en compañía. La mayoría de estos trabajos giran alrededor de un tema que me gusta mucho, que es la Alta Fantasía Medieval. Las investigaciones, porque en los trabajos literarios hay que hacerlo, me han llevado a reencontrarme con fantasía épica juvenil, más cercana al D&D o el espíritu de los noventas, lo que me ha llevado a replantearme la naturaleza de la Fantasía épica, pero en especial de la dragonada.
Hace tiempo, después de muchos años, volví a leer una novela de Dragonlance. Además, hace poco, estuve revisando los manuales de rol y dando una revisada a otras novelas de este estilo. Hasta cierto punto, he considerado la posibilidad de volver a leer una. Todo esto me ha generado una nostalgia que me hizo volver a ver a la Dragonlance.
Y es allí a donde he vuelto, me percaté que no había terminado de leer la bilogía del Ocaso de los Dioses, que si bien en su momento, leí una que otra de 5ta Era, la obra que rompía a la Dragonlance en dos no la había terminado de leer. Y decidí, que tenía que hacerlo. Vamos, en mi país uno nunca sabe cuándo la Gran Niveladora lo encuentra a uno, y no quería partir al seno de mi Diosa, con ese arrepentimiento; así que me puse manos a la obra.
Dejé de lado a Los Héroes, ellos entenderán, y retomé a Margaret Weis & Tracy Hickman. Ustedes se preguntaran ¿Qué encontré? Al día de hoy, mientras escribo esta reflexión, soy un apuesto y atractivo anciano de 36 años, y en cuanto a este tipo de literatura ya tengo cierto historial, y recientemente he conocido a mucha gente interesante con sus opiniones sobre los lectores contemporáneos que me han permitido afinar mis percepciones. Es por ello, que esta experiencia no es similar a la que viví a los 17 cuando leí la primera novela del dúo.
Pensaba que todo en el texto me chocaría, y que me costaría un mundo seguirle el ritmo, pero lo cierto ha sido que me enganchó. Sí, al igual que al yo de 17, esta novela me ha arrastrado, y cosas de mi memoria, pude recordar algunas cosas del anterior sin tener que tocarlo y releerlo. Hay cosas que si me hicieron ruido, porque ya me había acostumbrado al cinismo del grimdark; ejemplo de ello es que Palin vea con malos ojos a Usha por haberse unido al Gremio de Ladrones (a mí la cuestión no me pareció digna de un escándalo, sino que la mar de normal; tampoco justificaba la actitud del Túnica Blanca. Tomando en cuenta que la chica se quedó sola y necesitaba una forma de ganarse la vida. Pudo haber sido peor, pudo haber terminado abriendo las piernas por unas cuantas monedas) o Tass que ya no me da gracia —bueno hasta ahora me ha sacado dos risas, pero no más de ello— o que las batallas sean tan poco sangrientas y limpias. Al margen de ello, los Caballeros Malvados pero honorable, me parecen una de las mejores ideas que MW & TH tuvieron, pero que tristemente se echará a perder. Y, sigo pensando que este fue un gran cierre para la Dragonlance, aunque en su momento se consideró una falta de respeto, pero creo que el retorno con La Guerra de los Espíritus y las Crónicas Perdidas fue más ofensivas. Bueno, dejando de lado esos puntos, la verdad es que disfruté mucho la Guerra de los Dioses, tanto como disfrutó a Moorcock a pesar de que no es un gran bardo.
Ahora bien, otra cosa que me ocurrió es que, como si fuese un niño caprichoso, esta novela me ha generado unas cuantas ideas interesante, dentro del contexto de la fantasía épica y la dragonada. Y, si a ello le sumo el hecho de haber leído hace poco —de nuevo— el cómic Rat Queen, mi fijación con la Dragonada se puso al tope; así como cuando uno tiene una sobredosis de azúcar. Y no pude evitar preguntarme ¿Existe la posibilidad de que la Dragonada vuelva? Claro, el retorno no sería al estilo de la literatura ochentera y noventera, pero si algo similar. Alguien dirá por allí que el Hopepunk podría ser ese retorno, porque al margen de todo la dragonada de los 90´s y 80´s te vendía una idea interesante: pase lo que pase, siempre habrá un final feliz. Esta premisa, será la que terminará desplazada cuando el grimdark con su cinismo e intento de realismo se imponga.
Pero, ahora que el mercado pareciera estar saturado de la fantasía heroica/épica de corte grimdark, me pregunto ¿No será el momento para retomar este estilo más inocente y brillante? Recuerdo que en una de las monografías sobre literatura que realizó el señor Roberto Alhambra, dijo que llega un momento que de tanto leer a Abercrombie, uno se cansa de estar rodeado de violencia y tanto amargado, tanto tullido (creo que hacía referencia a cuando Abercrombie se puso a escribir Young Adult con al Saga del Mar Quebrado). Y, si bien es cierto que yo aún no me he hartado —por algo alterno lecturas— no puedo negar que mi armadura se está resintiendo, y como todo rebelde americano, siento el llamado a remar contracorriente.
Yo sí creo que la dragonada puede volver, claro ejemplo de ello son cómics como Skullkicker y The Rat Queen, que parecen sacado de partidas de rol; y que a su vez son capaces de sintetizar en ellos ese sabor que tenían las novelas de franquicia, y algunas independiente, con el cinismo de la actualidad, pero sin terminar de caer en el pozo oscuro del grimdark. Por ello, creo que si existe la posibilidad, o al menor seguir con el Grimdark, pero dándole una pátina ligeramente brillante. Esto, al margen del tema que se está tratando, que sí, estoy consciente que esto parece un poco al manifiesto hopepunk, pero yo estoy abogando por una formula vieja con un toque más desenfadado.
Obviamente no estoy descubriendo la rueda, ni tampoco el agua tibia; pero creo que el momento se presta; ya que una oferta diferente entre tanto bicho similar puede llamar la atención. En fin, ya dejo de golpear este teclado, y me conformare con este desahogo y las eventuales respuestas que me lleguen. Mientras, seguiré disfrutando de la Guerra de los Dioses, para luego retomar las sendas elegidas.
Que este viejo, inteligente, cansado y mortalmente sexy anciano de 36 tiene mucho que leer.
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